“El
sol había caído ya, cuando el hombre semi tendido en el
fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro,
enderezó pesadamente la cabeza: se
sentía mejor. A su alrededor todo era agua, una serena, salada y fría agua… y
él estaba ahí solo en esa canoa, algo sucio, con olor, con temor.
El
sol seguía cayendo, la luz se iba escondiendo y una luna algo tímida se iba asomando y tal vez, ese hombre que ya no estaba semi
tendido en la canoa, comenzaba a preguntarse, a preocuparse, a desesperarse… y
es que era tanta la soledad que sentía que hasta aquel sol que ya se había
ocultado y esa luna que ya se había asomado, parecían su más entrañable compañía.”
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