viernes, 21 de agosto de 2015

Soy tan diminuta Viviana Portaluppi

Soy tan diminuta que ni yo  me puedo ver. No existe espejo que refleje mi tamaño por lo tanto, no  sé si estoy despeinada, descombinada o con cara demacrada. Igual  no me  interesa  porque los demás no me pueden ver.  Y yo… ¡ yo estoy tan feliz así! Porque me siento libre. Cuando salgo todo es tan inmenso  así  que sufro mucho desgaste físico, ya que trepar y saltar se convirtieron en un ejercicio habitual.
Mi dìa comienza tan temprano, que cuando estoy cansada me detengo y tomo un sorbo de gota de rocío, fresca transparente, pero sólo un sorbo, con eso me basta.

Una ventaja de ser tan pequeña es que nunca llego a estar bronceada, ya que todo a mí alrededor me hace sombra. Pero no importa, lo soluciono con una pizca de autobronceante  Otra es que nadie me escucha y por momentos tengo tantas ideas brillantes que no puedo compartir o a veces necesito un consejo y nadie me lo puede dar.

Pero la ventaja de ser casi invisible es que todo lo puedo escuchar sin que nadie lo note. De algunas cosas me asombro, de otras  aprendo, con algunas me agarro la cabeza y otras… otras hago como si nunca has hubiese escuchado.
Ahí surge una gran controversia  que a veces me angustia, querer ser escuchada y no poder pero también no querer escuchar y tener que hacerlo.
Todo lo que vivencio lo escribo en mi bitácora, para recordarlo, quizás algún día cuando me canse de trepar y  me importe  como me vean los demás me volveré visible. Aunque nunca me decido ya que será a cambio de dejar de ser libre.

                                                                                                           


No hay comentarios:

Publicar un comentario